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lunes, 23 de noviembre de 2009

MORT - Terry Pratchett


Título: Mort
Autor: Terence David John Pratchett(Beaconsfield, Buckinghamshire, Reino Unido, 1948)
Año de publicación: 1987
Título original: Mort
Edición: Random House Mondadori,
colección Debolsillo, tercera edición, julio 2008

Traducción: Cristina Macia (con la colaboración de Celia Filipetto)
Páginas: 285
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En esta cuarta entrega de la hilarante saga del Mundodisco, Mortimer es un joven soñador y despistado a quien le toca en suerte una inesperada tarea: convertirse en aprendiz de la Muerte y aplicarse en liberar almas de su envoltura carnal. A decir verdad, Mort no está demasiado capacitado para ello, y en una de sus primeras misiones, liberar el alma de una atractiva princesa que está a punto de ser asesinada, decide en su lugar "liberar" el alma del asesino, interfiriendo así en los designios del Destino y provocando el consiguiente desaguisado. Por su parte, la Muerte, habiendo delegado buena parte de su trabajo en Mort, se dedica a beber, jugar a los dados y embarcarse en enrevesadas reflexiones filosóficas...


"Mort" es el cuarto libro de la saga Mundodisco. Como ya he comentado los tres anteriores este artículo será de una extensión inferior a la habitual porque gran parte de lo que puedo decir sobre esta novela ya lo he dicho con las otras.
Mort es un joven desgarbado (Fernando Fernán Gómez lo describiría como un zangolotino, aunque Pratchett prefiere decir de él que parecería que su cuerpo está compuesto en su mayoría de rodillas), hijo de un granjero. Debido a su nula aptitud para las tareas del campo el padre decide buscarle una colocación. La única que encuentra es la de aprendiz de La Muerte. La Muerte, por su parte, está buscando un heredero, alguien para que se case con su hija y a quien legarle su puesto. Encuentra a Mort. La novela nos cuenta cómo Mort aprende el oficio y cómo en su primera salida en solitario pone en peligro la naturaleza misma de la realidad, situación que no hará otra cosa que complicar.
Como ya he repetido en los post que he dedicado a las otras obras del autor, esta es una lectura realmente divertida. Los personajes son muy carismáticos (pos supuesto la palma se la lleva La Muerte, pero el protagonista es de los mejores personajes que han aparecido en la saga), las situaciones son hilarantes y, por encima de todo, la forma de escribir de Pratchett es muy cómica. La manera en la que describe los lugares y los personajes, los símiles, los continuos juegos de palabra (no quiero ni imaginar la terrorífica tarea que debe ser para la traductora adaptar este texto al castellano, aunque lo hace también como siempre), todo esta construido para arrancar una carcajada al lector.
Sin embargo…
Me duele decirlo porque me lo he pasado muy bien leyendo "Mort", pero esta obra tiene un "sin embargo". Su problema es que lo que nos narra es lo de siempre:
Personaje insignificante/perdedor/patán que se convierte en aprendiz de un oficio especial (hechicero, bruja, muerte). Dicho personaje, por accidente, desencadena un Apocalipsis. Hay viajes con los que vamos conociendo la geografía del Disco y acaba con un Gran Hechizo hecho en la Universidad Invisible.
Supongo que no es algo muy reprochable. No creo que alguien que se compre una novela de Ferry Pratchett lo haga esperando algo distinto a eso, pero la sensación de deja vù afea la experiencia de leer esta obra.
Honestamente no me queda mucho que añadir para estirar el artículo. Si acaso diré que Rincewind hace un cameo, y eso le hace subir la nota.

Puntuación: 78 sobre 100

martes, 30 de junio de 2009

RITOS IGUALES - Terry Pratchett


Tí­tulo: Ritos Iguales
Autor: Terence David John Pratchett (Beaconsfield, Buckinghamshire, Reino Unido, 1948)
Año de publicación: 1987
Título original: Equal Rites
Edición: E-book
Traducción: --
Páginas: 113




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Lo último que hizo Tambor Leño, antes de que LA MUERTE apoyara una mano huesuda sobre su hombro, fue entregar su cayado de poder al octavo hijo de un octavo hijo. Y hay que decir que lo hizo justo a tiempo. Bueno, quizá un poco precipitadamente. De acuerdo, tenía prisa y no podía entretenerse en cuidar los detalles. Pero ¿cómo iba a saber él que el recién nacido no era varón? Además, si no hubiera pasado así, el Mundodisco sería un lugar mucho más aburrido, ¿no?
Pues volviendo al grano, la cuestión es que ahí tenemos a una atribulada familia numerosa que no sabe demasiado bien qué hacer con su hija menor, una niña tozuda y muy revoltosa que responde al nombre de Eskarina. Y no son los únicos: Yaya Ceravieja, bruja oficial de la localidad, se encuentra también con problemas cuando intenta enseñarle la tradición brujeril a una joven que insiste en que de mayor quiere ser mago...
Ritos iguales (¿o era Derechos de igualdad ? Aunque quizá quedaría mejor que se titulara Libertad, amnistía y un hechizo cada día...) es la desternillante tercera novela de la serie del Mundodisco. Puede leerse independientemente de las anteriores (El color de la magia y La luz fantástica, publicadas en la colección Fantasy de esta misma editorial), pero sería recomendable leérselas también: todos tenemos que contribuir a que Terry Pratchett gane montañas de dinero y pueda seguir escribiendo nuevas entregas de la serie con la misma dedicación que ha demostrado hasta ahora. Que sean igual de divertidas que esta novela no debería importarle a nadie.




Este libro que voy a comentar hoy es el tercero de la saga "Mundodisco", de Terry Pratchett y el primero en su formato de los que aparecen en este blog. Es una novela que me acabé de leer hará fácilmente unos diez meses. ¿Por qué no he escrito la crítica hasta ahora? Es cierto que no siempre comento una obra en el mismo momento de acabarla, pero nunca me he demorado tanto ni he alterado el orden de lectura (esto es, no he comentado antes libros que he leído después que otros).
El problema con "Ritos iguales" es que no tenía intención de escribir un post sobre él. Ni sobre él ni sobre otros libros que he leído desde entonces. Libros que no son ni mejores ni peores que los demás; sólo los discriminé porque no eran de papel.
Claro, cómo lo hago para plasmar la ficha de un e-book. No tienen texto en la contraportada y a menudo tampoco aparecen los datos de la edición ni del traductor. Como no se me ocurría una solución adecuada decidí tirar por el camino de en medio y hacer como si nunca hubiera leído uno de ellos. Sé que no es la solución más honesta y llevo meses sintiéndome culpable por ello, pero era lo más fácil.
¿Y qué ha cambiado ahora para que me decida a comentar e-books?
Pues son varias cosas.
Primero: me he comprado en papel "Mort", la cuarta parte de la serie "Mundodisco", y si comento esa faltándome la tercera (aunque no compartan historia ni protagonistas), cuando menos quedaría incompleto.
Segundo: uno de estos libros electrónicos que he leído pero no he comentado es una auténtica maravilla, y tenía clavada la espinita de no haberlo podido recomendar en el blog.
Tercero y más importante: he descubierto que mediante el programa adecuado se pueden leer e-books en la PSP. Y se leen la mar de bien.
Por todo ello, aunque no pienso dar de lado los libros encuadernados de toda la vida, en el futuro no serán pocos los que me lea en formato digital. Y aparecerán también en esta página.
Así pues he decidido recuperar estas obras que he leído y replantearme las reglas del blog. Seguiré poniendo una imagen de la portada pero ya no será escaneada por mí si no que tendré que sacarla de Google Imágenes. El resumen de la contraportada también lo sacaré por Internet. Otros datos, como el del traductor, los pondré si aparecen en el mismo archivo descargado. Si no, no. Por último, en el apartado EDICIÓN señalaré que es un e-book y, si lo tengo, agregaré un enlace del sitio desde el que lo descargué.
En breve me pondré realmente al día.
Ahora ya podemos pasar a hablar de "Ritos iguales", de Terry Pratchett. Sé que ya he consumido más de la mitad del post, pero no voy a hacerlo más largo de lo habitual. No tengo demasiado que decir sobre esta novela aparte de que no colmó en absoluto las expectativas que tenía puestas en ella.
La historia gira alrededor de Eskarina, una niña de un pueblo perdido en el interior del disco, que hereda el cayado de un mago. Esto no sería gran cosa si no fuera porque en el Mundodisco no hay magos que sean mujeres.
El desarrollo de la novela consiste en las desventuras de Eskarina con su mentora, la bruja Yaya Ceravieja, camino de la Universidad Invisible de Ankh Morphok.
La verdad es que de todos los libros que he leído hasta ahora de Pratchett este es el que me ha parecido el menos divertido. Y no es porque uno de los temas principales sea algo tan serio como las igualdades de derechos entre los sexos, cosa que me parece muy digna aunque se trate en clave de humor. El problema es que los personajes no tienen el carisma arrollador de Rincewind y Desflores (especialmente Esk, quien no tiene demasiada gracia). Sus encuentro y peripecias no son tan exagerados como en los libros anteriores, los diálogos no tienen esa mala leche a la que estábamos acostumbrados, los secundarios son muy olvidables y… y no les acompaña un baúl hecho de peral sabio, qué cojones.
No es ni mucho menos una mala novela pero le pesan mucho las locuras que fueron "El color de la magia" y "La luz fantástica". Pratchett se ha contenido demasiado en esta.
También canta mucho que una novela que carece de épica en su mayor parte acabe como acaba, en un combate por todo lo alto entre las fuerzas del bien y las del mal. No me parece necesario.
Pero es una novela entretenida.
Y te ríes.
Y ya no me acuerdo de más, así que cambio y corto.
Puntuación: 73 sobre 100

domingo, 19 de octubre de 2008

LA LUZ FANTÁSTICA - Terry Pratchett


Tí­tulo: La luz fantástica
Autor: Terence David John Pratchett (Beaconsfield, Buckinghamshire, Reino Unido, 1948)
Año de publicación: 1986
Título original: The light fantastic
Edición: Ediciones Altaya, 2008
Traducción: Cristina Macía
Páginas: 277
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Un nuevo día, sereno y apacible, empieza en Mundodisco. Como es habitual, la gran tortuga navega por el éter entregada a reflexiones inescrutables, sosteniendo en su caparazón a los cuatro elefantes sobre los que descansa el mundo. Sin embargo, se avecina una inexorable colisión con una malévola estrella roja, y sólo una persona puede poner remedio al inminente desastre: Rincewind, el inepto y cobarde hechicero. Por desgracia, Rincewind fue visto por última vez cuando caía por el borde del mundo...
Ha llegado la hora de completar el último comentario con la crítica de “La luz fantástica”. Si ambas obras son consecutivas y consecuentes la una con la otra y además las he leído sucesivamente, bien podría haberlas presentado a la vez, tal y como hice cuando reseñé “Tu rostro mañana”. Y lo pensé, la verdad, pero luego llegué a la conclusión de que no era una idea acertada. Si bien la trilogía de Marías es una sola novela publicada en diferentes años, entre “El color de la magia” y “La luz fantástica” hay suficientes diferencias.
El primer libro es la presentación de un mundo que va a durar (hasta ahora) 26 novelas. Eso evidentemente limita la narración. La hace más dispersa. El protagonista es Rincewind, un mago negado que sobrevive de lo que puede por las calles de Ankh-Morpork. Y de lo que puede no es de la magia, eso seguro. A esa ciudad llega Dosflores, un turista del otro lado del mundo. El primer turista de todo el Disco. Y, como necesita un guía, como tiene mucho oro, como sólo lo entiende Rincewind y como el patricio de Ankh-Morpork amenaza a Rincewind con la pena de muerte si a Dosflores le ocurre el menor daño, el mago accede de buen grado a acompañarle en sus viajes.
Precisamente por la necesidad de darnos a conocer el mayor número posible de ángulos del Mundodisco, esta es una de las pocas novelas de la saga separada por capítulos. En cada uno de los cuatro que forman esta obra nos encontramos con una aventura propia en un lugar diferente, siguiendo siempre el periplo de los dos protagonistas (y el del siempre omnipresente y feroz Equipaje). Partimos de una ciudad en llamas y acabamos cayendo por el borde del mundo.
En “El color de la magia” no hay demasiada unidad. Pratchett apunta ideas geniales que luego, cuando ya no necesita, olvida. Dosflores habla un idioma extraño y sólo puede comunicarse con Rincewind. Esto es lo que hace que el mago se ofrezca como guía. Luego, cuando ya están juntos los dos, el autor olvida este detalle y resulta que el turista puede entenderse sin ningún problema con todo aquel con el que se encuentran (si bien lo hace hablando alto y despacio). El emperador del Imperio Ágata pide que maten a Dosflores para que al resto de sus súbditos se les quite de la cabeza la idea de ir viajando de un lado a otro. Sin embargo después del primer capítulo nadie persigue al contable-turista.
Hay algún detalle de estos más por la novela pero, a decir verdad, no molestan en ningún momento. Porque de tanto reírte no tienes tiempo para fijarte en esas minucias.
Los personajes son todos increíblemente divertidos (no he encontrado uno sólo que caiga mal), los diálogos son hilarantes, las descripciones de los lugares que visitan, surrealistas. Todo, hasta la última brizna de hierba del Discworld, está impregnado de genialidad. No hay manera de adivinar lo que ocurrirá en la siguiente página. Eso es una maravilla.
"La luz fantástica" es distinta. Distinta en el sentido de que existe una trama que seguir a lo largo de toda la novela, a pesar de que a cada rato aparezca una subtrama nueva. Eso no quiere decir que Pratchett se contenga y aparque sus ocurrencias en beneficio de la historia. Al contrario.
La historia, típica de la literatura fantástica, es la del fin del mundo, ni más ni menos. Una estrella amenaza con colisionar con el Gran A´Tuin, la tortuga que porta a sus espaldas el Mundodisco (que a su vez es sujetado por los elefantes Berilia, Tubul, Gran T´Phon y Jerakeen). Y el único que puede hacer algo se cayó por el borde del mundo en el libro anterior.
Esa es la premisa. Lo demás es un desparrame. Los druidas, los trolls, Cohen el Bárbaro, la Hermandad de la Estrella Roja, la Muerte,...
En esta novela aparece por fin un enemigo claro, Ymper Trymon. No es que Trymon sea excesivamente malvado, es que quiere conseguir el máximo poder para convertir el mundo en el paraíso de los oficinistas, una tierra gris y aburrida donde todo es como debería ser.
En esta novela funciona aún mejor la pareja Rincewind-Dosflores. El primero es un perdedor crónico. No desea ser un héroe, sólo vivir tranquilo en su ciudad sin que demasiada gente le quiera ver muerto. Dosflores es el eterno optimista. Aunque tenga a la propia Muerte en su propia cara nunca pensará que le pueda ocurrir el menor daño. En lugar de huir le enseñara a jugar a canasta.
La Muerte. Menudo personaje. La Muerte en Mundodisco es poco más que un funcionario. Eso sí, aplicado como pocos. No mata con saña, con tristeza ni con alegría. Lo hace porque ese es su trabajo. Igual que si trabajara en una fábrica de turrones.
En "La luz fantástica" conocemos nuevos parajes de la geografía del Disco, aunque no tantos como en la novela anterior.
Por todo lo dicho concluiré que este segundo volumen de la saga es incluso mejor que el primero. La historia está más acabada y los personajes son aún más agudos. Terry Pratchett no escribe la continuación lógica de las aventuras de Rincewind y Dosflores, sino que va más allá. Será porque en este Disco la lógica no tiene sitio.
Bueno, no me quiero alargar más. No es mi intención escribir una tesis sobre la obra de Pratchett. Lo que sí aviso es que, les guste o no, seguiré comentando más obras del inglés. Cuando se encuentra un filón semejante no es buena idea dejarlo escapar.
Puntuación: 95 sobre 100

jueves, 9 de octubre de 2008

EL COLOR DE LA MAGIA - Terry Pratchett


Tí­tulo: El color de la magia
Autor: Terence David John Pratchett (Beaconsfield, Buckinghamshire, Reino Unido, 1948)
Año de publicación: 1983
Título original: The colour of magic
Edición: Plaza y Janés. Debolsillo. 5ª edición, marzo 2007
Traducción: Cristina Macía
Páginas: 285. 4 libros




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En un mundo plano sostenido por cuatro elefantes impasibles - que se apoyan en la espalda de una tortuga gigante - habitan los estrafalarios personajes de esta novela: un hechicero avaro y torpe, un turista ingenuo cuyo fiero equipaje le sigue a todas partes sostenido por cientos de patitas, dragones que sólo existen si se cree en ellos, gremios de ladrones y asesinos, espadas mágicas, la Muerte y, por supuesto, un extenso catálogo e magos y demonios...
En esta serie de novelas se dan cita todos los temas y situaciones del género fantástico, vistos a través del personalísimo y corrosivo sentido de la comicidad de un autor inglés que se ha convertido en uno de los escritores de humor de mayor éxito y fama en el mundo.


He de decir que este ha sido mi primer encuentro con el hombre del sombrero. Sabía que existía y sabía más o menos de qué iban sus libros, pero nunca hasta ahora había leído uno de ellos.
Wow.
No sé cómo empezar.
Bueno, dejemos que la obra hable por sí misma:

Muchas veces se ha dicho que, aquellos que son sensibles a la radiación del octarino -el octavo color, el Pigmento de la Imaginación- pueden ver cosas que resultan invisibles para los demás.
Así fue como Rincewind, que corría -con el Equipaje trotando tras él- por los populosos bazares de Morpork, iluminados por bengalas al anochecer, tropezó con una figura alta y sombría, se volvió para dedicarle unas cuantas maldiciones, y se encontró frente a frente con la Muerte.
Tenía que ser la Muerte. Nadie más iría por ahí con las cuencas de los ojos vacías, claro. Y la guadaña que llevaba al hombro era otra pista. Mientras Rincewind la miraba horrorizado, una pareja de amantes, riéndose de algún chiste privado, atravesaron la aparición sin darse cuenta de nada.
La Muerte parecía sorprendida, al menos hasta donde puede parecerlo un rostro sin rasgos móviles.
- ¿Rincewind? -dijo la Muerte, en tonos tan profundos y pesados como puertas de plomo cerrándose en una cavidad subterránea.
- Hummm -respondió Rincewind, intentando apartarse de la mirada sin ojos.
- Pero ¿qué haces tú aquí?
(Bum, bum, lápidas de criptas en sólidas montanas antiguas, comidas por los gusanos...)
- Hummm... ¿por qué no iba a estar aquí? -se las arregló para responder Rincewind-. Además, estoy seguro de que tienes mucho que hacer, así que te dejo...
- Me sorprende que hayas tropezado conmigo, Rincewind, porque tengo una cita contigo esta misma noche.
- Oh, no, no...
- Pero, claro, lo jodido del asunto es que esperaba encontrarte en Psephopololis.
- ¡Pero eso está casi a ochocientos kilómetros!
- No hace falta que me lo recuerdes. Ya veo que se me ha vuelto a descuajaringar todo el sistema. Oye, mira, ¿no te importaría...?
Rincewind retrocedió, extendiendo las manos frente a él como para protegerse. En una caseta cercana, el vendedor de pescado seco contempló a aquel loco con interés.
- ¡Ni pensarlo!
- Puedo prestarte un caballo muy rápido -ofreció la Muerte.
- ¡No!
- No dolerá nada.
- ¡No!
Rincewind se dio la vuelta y echó a correr. La Muerte le miró alejarse, y se encogió de hombros con gesto de fastidio.
- Pues que te den por culo -dijo la Muerte.
Se dio la vuelta, y vio al vendedor de pescado. Con un gruñido, la Muerte extendió un dedo literalmente huesudo, y detuvo el corazón del hombre. Pero no le sirvió de consuelo.
Entonces, la Muerte recordó lo que iba a suceder aquella misma noche. No sería correcto decir que sonrió, ya que, en cualquier caso, sus rasgos estaban perpetuamente congelados en una sonrisa calcárea. Pero empezó a tararear una tonadilla, tan alegre como el entierro de un apestado, y -deteniéndose sólo para robarle la vida a una mosca de mayo, y una de sus nueve vidas a un gato que se escondía cobardemente bajo la caseta de pescado (todos los gatos ven el octarino)-, la Muerte giró sobre sus talones y echó a andar hacia el Tambor Roto.


Ya sé. Nunca hasta ahora había insertado un fragmento del texto comentado dentro de la crítica, pero la ocasión lo merecía. ¿No es genial? En solo esas líneas encontramos pistas de los que encierra este mundo discoidal. Para empezar, no es una novela para niños. O no necesariamente. Lo digo por las expresiones malsonantes (y lo digo con la boca chica. Siempre he sido un defensor de los tacos como elementos expresivos del lenguaje. No me escandalizo fácilmente… ). También observamos un recurso muy borgiano, que es el de recurrir a fuentes clásicas (el cuento de "Las mil y una noches" del caballero y la Muerte) y jugar con él. Los personajes se comportan con verosimilitud dentro del surrealismo de la escena. Y, sobre todo, vemos el incontenible sentido del humor de Terry Pratchett.
Pues esto se repite a lo largo de toda la novela. Y es que leyendo "El color de la magia" me ha ocurrido algo que hacía años que no me ocurría: me he reído leyendo un libro. He leído historias de humor que me han hecho sonreir , que me han sorprendido y que me han maravillado. Pero reir, lo que se dice reir…
Como es de rigor, tendré que referirme al famoso humor británico, pero como no sé que es eso (son tan británicas series como "Benny Hill" y "The IT Crowd"), diré que su humor es descendiente directo del de los Monty Python. Esto es tan evidente que, cuando a mediados de los noventa la compañía inglesa
Psygnosis lanzó un videojuego basado en el Mundodisco, la voz de Rincewind fue la de Eric Idle (no entiendo cómo no han contado con él para repetir papel en las versiones cinematográficas que se están rodando actualmente).
Momento recuerdos infantiles. En mi pubertad hubo una época en la que me aficioné a la literatura fantástica.. Por recomendación de un amigo leí a Tolkien y lo flipé. El verano que dediqué a la lectura de "El señor de los anillos" guarda grandes recuerdos para mí. Por supuesto, como le ocurre a todo el mundo, quise más. Me leí libros como "El lobo blanco", "Crónicas de Bergarad", "El señor del tiempo", "El ultimo dragón", etc. Me gustaba que la mayoría de estas obras fueran sagas, ya que así, en cuanto comenzaba una sabía que iba a permanecer mucho tiempo en esos mundos mágicos. Hasta que, de repente, me di cuenta de que el mundo mágico solo era uno, la tierra Media. Se podía cambiar el nombre del mundo así como el de los personajes, pero siempre era lo mismo. Un grupo formado por un protagonista débil (casi siempre niños, sería muy cantoso llamarlos hobbits), un guerrero tocho y valiente (a menudo más tocho que valiente), un mago muy sabio que se convierte en el maestro del protagonista,… Y así, sucesivamente…
Por supuesto hay un viaje, que es lo que ocupa la mayor parte de la trama, donde los protagonistas van conociendo sus aptitudesblablablablablaautoconocimientoblablablablablabladragonesblablablablasalvarsumundoblablablablamagianegrablablablablablabla… Los Buenos son muy buenos, luchan por razones justas, aunque siempre haya un traidor infiltrado entre ellos. Los Malos son perversos. Su único fin es el mal, no buscan mucho más que ser malvados y ser temidos. Además, por supuesto pertenecen a otra especie, llámese trolls, orcos, trasgos, suputamadres, (¿el mensaje es que las otras razas son perversas, que han nacido para hacer el mal y robarnos el trabajo y que el sentido de su existencia es putear a la noble raza aria?).
Bueno, no me extiendo más. Imagino que ya se ha captado el mensaje. Y si no es así, lo escribiré con letras gordas:
TODAS LAS SAGAS DE LITERATURA FANTÁSTICA NO SON MÁS QUE PUTAS COPIAS DE LO QUE ESCRIBIÓ TOLKIEN.
Que a su vez es una copias de textos anteriores, ya que mezcla parte de la mitología escandinava de los Eddas con leyendas artúricas, me dirá alguien. Y tendrá razón. El mérito de Tolkien es precisamente haber sabido mezclar tradiciones con tal astucia que parece que nos está vendiendo algo nuevo. Y no me considero un defensor a ultranza de este autor. Hoy día no me veo con ánimo suficiente como para leer de otra vez ninguna de sus obras.
Todo lo dicho anteriormente viene a colación de que Terry Pratchett coge todos los elementos típicos de este género, tales como los esterotipos antes enumerados, las situaciones épicas, el viaje iniciático, el mundo mágico donde todo es posible, etcétera. Lo mete en una batidora con una doble ración de ingenio y de mala hostia, lo bate hasta que queda una papilla finita, la tira luego por el wáter y escribe lo que le sale de los cojones. Por todo ello rindo mi admiración a sus pies y le casco un:

Puntuación: 94 sobre 100.



PS. Ya sé que en toda la crítica no he hecho otra cosa que divagar y apenas he hablado de la novela en sí. Eso es porque actualmente estoy leyendo el segundo volumen de la saga Mundodisco, que concluye las aventuras iniciadas en "El color de la magia", y mi intención es escribir entonces el comentario completo.

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